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FilS Mar – Feria del Libro de Santa Marta 2019

FilsMar

La Educación y la Cultura en el Desarrollo Territorial serán el eje temático de la Feria del Libro de Santa Marta, Filsmar, será organizada por la Universidad del Magdalena con apoyo de entidades públicas y privadas que le apuestan a impulsar las actividades relacionadas con el fomento de la lectura y escritura en la costa caribe colombiana.

La feria del libro samaria, contará con la participación de editores, distribuidores, libreros y demás actores de la cadena productiva del libro a nivel nacional e internacional, los cuales tendrán un espacio para dialogar sobre diversas temáticas, todas centradas en su pasión por los libros.

Esta primera versión de Filsmar, se desarrollará del 21 al 26 de mayo desde las 8 de la mañana, en el Edificio Mar Caribe de la Universidad del Magdalena, donde más de 30 editoriales y librerías tendrán su propio estand y donde además estarán más de 50 fondos editoriales, los cuales tendrán disponibles libros, revistas y tendrán publicaciones de diversas temáticas.

Los asistentes podrán disfrutar de una gran cantidad de actividades como exposiciones artísticas y de colección científica, programas lúdicos para niños y jóvenes, presentaciones de libros y revistas, club de lecturas, taller de serigrafia y conversatorios.

Para conocer todos los detalles y eventos destacados de esta feria, los invitamos a consultar su programación aquí: PROGRAMACIÓN GENERAL FILSMAR 2019

Tomado de: Seguimiento.co
Imagen: Universidad del Magdalena

EL MIT crea una cámara que permitirá leer un libro sin abrirlo

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Investigadores del MIT y Georgia Tech han desarrollado un sistema capaz de identificar el contenido de las nueve primeras páginas de un libro sin abrirlo. Este descubrimiento se ha llevado a cabo mediante la radiación de therahercios, la misma tecnología que se utiliza para detectar explosivos en los sistemas de análisis de seguridad.

Esta técnica podría ser útil, por ejemplo, para ver el contenido de libros antiguos que podrían dañarse a la hora de abrirlos.

Ver video: https://youtu.be/6i25SuJzb0A

Cómo se desarrolla el escaneo de libros

Esta técnica del escaneo del libro se basa en pequeñas bolsas de aire entre las páginas. Éstas están expuestas a una serie de pulsos ultracortos de la radiación desde una cámara de terahercios. Finalmente, basándose en el tiempo de pulsos ultracortos de la radiación en cada página, los investigadores lograron distinguir lo que está escrito en cada uno de los folios individuales. En este vídeo se explica en qué consiste dicha técnica.

Según el MIT, la radiación de terahercios puede distinguir de forma única entre el papel y la tinta, algo que hasta ahora no se había conseguido. Además, produce un escaneo con una mejor resolución de profundidad.

El sistema se apoya también en un algoritmo desarrollado por el MIT que descifra imágenes de una hoja de papel, así como en otra técnica de Georgia Tech, que se utiliza para reconocer caracteres distorsionados u oscurecidos.

En conclusión, esta tecnología basada en una nueva forma de escaneo podría ser muy útil para la lectura de libros antiguos evitando dañarlos, o para la lectura por capas. El Museo Metropolitano de New York ya ha mostrado su interés por este nuevo sistema de imagen.

Tomado de: www.mediatrends.es
Fotografía: shutterstock

Muchas ferias y libros, poca lectura

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“Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Así parece entenderlo el sector editorial colombiano que impulsa cada vez más eventos para fomentar y llevar la lectura a diferentes puntos de Colombia. Muy contados países en el mundo pueden darse el lujo de tener una gran feria internacional del libro, como la de Bogotá, y otras en casi todas sus ciudades principales e intermedias.

Solo en este segundo semestre se harán las ferias de Bucaramanga (22 al 27 de agosto), Cúcuta (24 de agosto al 3 de septiembre), Manizales (30 de agosto al 3 de septiembre), Medellín (9 al 18 de septiembre), Cali (20 al 31 de octubre) y Pasto (27 de septiembre al 1 de octubre).

¿Pero sirve realizar tanta feria? Nadie discute su utilidad, pero aún no es suficiente para subir los bajos índices de lectura en el país. Hay distintas formas de ver este fenómeno. Por ejemplo, Marianne Ponsford –directora del Consejo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc)– cree que una de las razones que impulsan este boom ferial es la aparición de nuevos escritores, el nivel de preparación de los organizadores de eventos culturales, como el Hay Festival, y la buena respuesta del público. Ponsford subraya que “hay una conciencia cada vez mayor de los gobiernos locales de la importancia de la lectura y la cultura en los procesos del desarrollo nacional”.

Y los números de la Cámara Colombiana del Libro ayudan a este auge de ferias y eventos literarios: el sector editorial y de publicaciones –que había dejado de producir cerca de 10 millones de libros entre 2008 y 2013– se recupera paulatinamente. En efecto, en 2014 se editaron más de 23 millones de ejemplares, unos 400.000 más que en el periodo inmediatamente anterior.

Ese crecimiento se refleja en los más de 37 millones de libros vendidos en 2015 (3 millones más que hace cinco años), de los cuales las ediciones nacionales ocupan un 73 por ciento, los ejemplares importados comercializados en el mercado nacional un 14 por ciento y las ediciones nacionales hacia el mercado externo otro 13 por ciento.

En contraste con esa explosión literaria, los hábitos de lectura en el país continúan siendo muy bajos frente a otros países de Hispanoamérica. Mientras los argentinos leen en promedio 4,6 libros al año, los chilenos 5,3 y los españoles 10, en Colombia esa cifra no superan los 2 libros anuales. Las razones que explican esta desproporción –una amplia oferta cultural y literaria, pero un bajo nivel de lectura– van desde la falta de canales de difusión hasta el poco interés que ha despertado este hábito entre los colombianos.

Contradictoriamente, uno de los motivos que permite que Colombia se convierta en un referente del mundo editorial en América Latina es el éxito de los festivales y ferias del libro que se desarrollan en el país. Por ejemplo, en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) asistieron más de 500.000 personas, se desarrollaron cerca de 2.000 eventos (charlas, foros y lanzamiento de libros) y se generaron ventas por 50.000 millones de pesos. Además, hubo conversatorios con la nobel de literatura Svetlana Alexiévich, y con otros escritores renombrados. Todos con lleno total.

El atractivo del país en este tipo de eventos no solo tiene que ver con su capacidad de organización, sino también en el interés que tiene el mundo editorial colombiano por promocionar nuevos autores y llevar los libros a la mayoría de la población.

Enrique González, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro, explica que los festivales del país tienen muy buena acogida entre el público que no está familiarizado con la lectura porque “cuando acuden a ellos no se sienten juzgados por libreros cultos, sino que encuentran un equipo logístico dispuesto a guiarlos en los libros que realmente les gustan. Desafortunadamente, ese mismo público no se acerca a las bibliotecas y librerías durante todo el año”.

González también cree que la promoción de la lectura no es una tarea exclusiva de estos eventos, pues, aunque son un espacio para desmitificar la idea de que los libros solo son para unos pocos, hace falta que se continúen produciendo ejemplares de calidad que respondan a los gustos de la población y que los colombianos tengan acceso a ellos sin importar su estrato socioeconómico. “Hay que acercar los libros a la gente”, dice.

Justamente ese es uno de los objetivos de ferias como las de Cúcuta, Manizales y la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, a las que se espera que acudan este año 30.000, 20.000 y 350.000 asistentes, respectivamente. Aunque sus organizadores saben que estos eventos no aumentarán de la noche a la mañana la lectura del país, sí creen que estos espacios son indispensables para fomentarla.

Por otro lado, algunos de ellos también coinciden en afirmar que si bien es importante mirar los niveles de lectura en el país, este no puede ser el único indicador para medirlos. Juan Diego Mejía, director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, dice que es riesgoso interpretar los hábitos de lectura en Colombia por medio de métodos exclusivamente cuantitativos. “Ese afán por aumentar el promedio de lectura nos puede llevar a perder el norte. Podemos empezar a hacer atajos, es decir, preocuparnos por las cifras aunque el contenido de los libros sean basura”.

Otras voces regionales, como la de Carolina Guacaneme, productora general de la Feria del Libro de Manizales, también aseguran que más que contabilizar lectores, el objetivo de estos eventos es transformar culturalmente las ciudades y darles la posibilidad a las personas de conocer una oferta de entretenimiento diferente a las que están acostumbradas.

De igual modo, las editoriales inciden directamente en los hábitos de lectura en el país. Algunas de ellas también protagonizan el crecimiento de la oferta y el consumo literario en Colombia. Muestra de ello es que las ventas del Grupo Planeta en Colombia aumentaron en el último año hasta un 30 por ciento, y en las más recientes ferias de Bogotá y Medellín crecieron 22 y 40 por ciento, respectivamente.

Según Bayardo Henao López, director general para el área andina de esa editorial, la oferta literaria en el país supera a la demanda, lo que hace necesario buscar un equilibrio y crear canales de difusión para llegarle a más públicos: “Las ferias son tan solo uno de esos mecanismos de fomento”. A pesar de ese panorama, Henao es optimista y espera que en los próximos cinco años Colombia aumente los índices de lecturabilidad gracias al interés que despierta hoy la literatura en jóvenes y niños.

Bajo esa premisa, los ministerios de Educación y de Cultura esperan que en los próximos años el promedio de lectura de los colombianos suba a 3,6 libros anuales. Aunque las ferias, editoriales y algunas librerías del país están contribuyendo para alcanzar esa meta, hace falta invertir en equipar bibliotecas, conocer los gustos literarios de las personas que no están familiarizadas con la lectura y facilitar el acceso a los títulos.

Sin duda, un buen síntoma es que Colombia se haya convertido en un país de ferias literarias y en un ejemplo para la región en esta materia. Ahora, la tarea del mundo editorial nacional es mantener vivos estos eventos y lograr que los colombianos aprovechen la enorme oferta que tienen ante sus ojos.

Tomado de: www.semana.com
Fotografía: www.actualidadliteratura.com

Los saldos le hacen daño al sector editorial

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Varios medios de comunicación, informaron a comienzos de esta semana sobre el gran remate de los libros que se llevará a cabo el último fin de semana de julio en Corferias. El evento, organizado por la empresa Dislectura, ofrecerá al público 3.000 títulos y un millón de ejemplares de libros saldados (los que se compran en las bodegas de las editoriales y que no se vendieron en librerías) a precios más bajos que los de las librerías tradicionales: desde cinco hasta veinte mil pesos. Según Fernando Tambo, antiguo profesor de literatura y hoy vocero de Dislectura, las obras provienen de editoriales de todo el continente y estarán disponibles con descuentos de entre el 70 y el 90 por ciento. “Nuestras dos condiciones para hacer este evento son que los libros sean originales y a bajo costo”, dice.

La noticia, sin embargo, produjo indignación entre el gremio de los libreros. David Roa, director de la ACLI (Asociación Colombiana de Libreros Independientes) le escribió a esta revista un mensaje en el que decía  los siguiente: “El sector editorial es un ecosistema delicado en el que las pequeñas librerías, que abren sus puertas casi todo el año, trabajan dentro de la legalidad y que generan empleos formales, subsisten azarosamente asumiendo demandantes responsabilidades financieras y culturales; prueba de ello es que en la mitad del territorio nacional no hay puntos de venta del libro, ya mucho menos librerías con vocación de gestión cultural. En este contexto se ven obligadas a ver los constantes remates que se hacen en las ciudades y el amplio despliegue mediático que reciben estos eventos que no solo refuerzan la idea equivocada de que los libreros abusan con los precios de los libros, cuando lo que hacen es venderlos al precio que dictan los distribuidores, sino que también deben presenciar que muchas veces esas comunicaciones tan equívocas vienen de entidades representativas del sector cultural. Esto lo que demuestra es la generalizada ignorancia que existe sobre la realidad y el papel que desempeñan los pequeños libreros y la evidente falta de consideración que hacia ellos se tiene en el mejor de los casos. Los libreros hemos tratado de abrir la discusión sobre estos temas, siendo conscientes de las realidades de los demás actores del sector en una industria que por su apremiante ritmo de rotación de novedades debe deshacerse en algún momento de sus “excesos de inventarios”, pero también creemos que deben contar con la opinión y tener en cuenta las preocupaciones de los pequeños libreros al decidir las estrategias para resolver estos problemas”.

María Osorio, directora de la editorial y librería Babel (miembro de la ACLI), hace eco del comunicado de Roa. Para ella, el remate “está mandando el mensaje equivocado, pues hace pensar que las librerías son caras y que entonces hay que comprar libros saldados, pero nosotros no ponemos los precios, esos los pone la editorial o el distribuidor”. Osorio considera que este evento puede desincentivar a la gente a que vaya a las librerías, y siente que el Estado debería jugar un papel mayor para evitar esto: “Nadie nos pregunta nada, no fuimos contactados. Creo que hay que discutir la posibilidad de que haya un precio fijo para por lo menos hablar sobre cómo estos eventos afectan a toda la cadena”.

La editora y librera también considera que fue un error por parte de Corferias, como socio de la Feria del Libro Internacional de Bogotá, promocionar este evento arrendándole su espacio. Corferias, sin embargo, afirma que “no está organizando el outlet” y que solo Dislectura es “el responsable del contenido y de las actividades propias  de su realización”, según afirma Alexandra Torres, directora de Eventos en Arriendo. También dice que “la FILBO tiene un alcance muy distinto al del “Outlet de libros”, teniendo en cuenta que éste último representa un tema puntual de dos días de venta de saldos en un solo pabellón, mientras que en la Feria Internacional del Libro el foco principal es el lanzamiento de nuevos títulos,  el contacto con autores y el desarrollo de una nutrida agenda académica y cultural de más de 1.300 actividades en  15  días”.

Tambo, además, no cree que las librerías se deban preocupar, pues en el outlet no habrá novedades editoriales. “No estamos siendo desleales porque no tenemos las novedades que ellos manejan. Además, entre ellos y los editores se han encargado de descatalogar y guardar ciertos títulos. Nosotros simplemente les volvemos a dar circulación, solo que a muy bajo costo”, afirma. Pero el asunto no es tan sencillo. Si bien el outlet no tendrá novedades editoriales, sí habrá títulos que en este momento se encuentran en el circuito comercial, como los clásicos y ediciones relativamente recientes que todavía se pueden encontrar en librerías.

“Del circuito comercial sí tenemos -dice Tambo-, pero los vendemos bajo otros sellos editoriales. De El retrato de Dorian Gray, por ejemplo, trajimos muchísimos importados. Como es un clásico, lo distribuyen varias librerías, como la Lerner o la Panamericana, pero incluso afirmaría que los nuestros son mejores, pues no solo son más baratos sino que conseguimos unas ediciones muy buenas, con prólogos y comentarios”. Para muchos, como Emilia Franco, directora de la editorial Siglo del hombre, esto genera un problema. Aunque reconoce que los precios bajos pueden funcionar para fomentar la lectura, y que para las editoriales es importante poder vender los títulos de su inventario, la condición mínima es que en este tipo de eventos los libros no estén “en el circuito comercial, pues la idea no es competir con las librerías”.

Para Franco, idealmente, el gremio de los editores se debería unir para hacer una feria de saldos bajo esa condición. “Sería muy bueno tener un evento en el que participe todo el sector, donde una vez al año se vendan libros de baja rotación y que se encuentren por fuera del circuito comercial”. Considera, además, que ese evento podría beneficiar a la Feria del Libro Internacional de Bogotá -donde se venden tanto novedades como libros saldados- pues así esta se podría concentrar solamente en las obras más recientes. “Ninguna otra feria internacional vende obras saldadas, esos eventos son para novedades”, asegura.

A Enrique González, presidente de la Cámara del Libro, también le entusiasma crear una feria de libros saldados. “Si este evento funciona, más adelante nosotros haremos un outlet oficial con Corferias en el segundo semestre del año para que participen todas las editoriales, incluidas las independientes. Creo que es una gran manera de beneficiar al lector”. González entiende la ansiedad de los libreros, pero cree que se debe a que esto nunca ha pasado en el país, y que hay espacio para que todos coexistan en el ecosistema editorial. “En el mercado de las prendas, los outlet son muy normales -argumenta-, y no dañan la percepción sobre el precio pues la gente está acostumbrada a que la ropa de temporada tiene un precio y en los outlet otro”.

Para una fuente que prefirió permanecer anónima, esa mentalidad a la larga puede ser nociva para los libros. “Es terrible que los libros se vendan como camisetas en el mercado. Ese es el punto más alto del capitalismo. Es verdad que en Colombia la gente no lee, y que mejores precios pueden ayudar, pero se corre el riesgo de que la lectura se convierta en un tema de precio. Y la lectura no debe ser motivada por los precios, sino por el interés, el deseo de conocimiento. Convertir al libro en un objeto barato puede generar una cantidad de distorsiones en el sector del libro”.

Las posiciones encontradas parecen no tener una solución ante la inminencia del evento. Las librerías deberían contar con una mayor protección como centros culturales, y el libro, como objeto cultural, debería contar, como en otros países, con precios únicos. En ese sentido, no se puede confundir un remate con el trabajo serio y sostenido por parte de las librerías, pues leer es, también, un problema de elecciones, de curadurías y de catálogos que, evidentemente, no se encuentran incluidos en un remate como el que se realizará este fin de julio. Quizás es peligroso, como dicen los libreros, que se siga perpetuando en el país la idea de que los libros son caros per se, y que pueden ser más baratos, casi regalados, pues eso contribuye a difundir la creencia de que en Colombia no se lee por un problema de dinero.

Tomado de: Revista Arcadia

Panorama de la industria editorial universitaria

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La Universidad Nacional no solo lidera en el ranking U-Sapiens, que clasifica a las instituciones según sus indicadores de investigación, sino que también su editorial es la primera en el registro International Standard Book Number (Isbn) que lleva la Cámara Colombiana del Libro. Este índice es un sistema internacional de numeración que identifica cada título y producción editorial.

Durante el año pasado, la Agencia Colombiana del Isbn registró 17.723 títulos. Así, hubo 1.775 registros más de los 15.948 que se dieron durante 2014.  Bogotá concentra la mayoría de los registros con 70%, seguida de Medellín con 8%. En estas inscripciones, incluyen Isbn nuevos y obras digitalizadas de años anteriores.

Según el ranking que se construyó, la Nacional tuvo un registro de 409 textos, entre los que se cuentan comercializables y no comercializables. Alfonso Espinosa, director de la editorial de la Universidad Nacional, destacó la posición de la institución. “En el catálogo que estamos lanzando, totalmente renovado, en la Feria del Libro vamos a salir con unas 110 publicaciones nuevas”, anunció.

Según Espinosa, en el trienio pasado, periodo que maneja administrativamente la Universidad, entre 2013 y 2015 se publicaron cerca de 431 títulos. “Nuestra labor realmente es la divulgación del conocimiento producido y, desde ese punto de vista, nuestro objetivo no es ser rentables”.

Luego, le siguió la Universidad de los Andes, con 208 y el Externado, con 197 registros durante el año pasado. Juan Felipe Córdoba, director de la editorial de la Universidad del Rosario, que tuvo 146 registros, aseguró que “la industria editorial universitaria viene en aumento desde hace varios años y cada vez tiene un lugar más destacado en el ámbito editorial del país”.

El director aseguró que los libros de estas editoriales tienen tirajes cortos, pues su población es muy específica. Sin embargo, añadió que “los libros que producen las universidades se venden, tienen un tráfico comercial y adicional que es la academia”.

Córdoba dijo que el Rosario tuvo un incremento, debido a que en 2015 hubo un flujo de contenidos para ser editados “bastante altos”. La media de esta institución universitaria es de 80 libros anuales. “El año pasado fue muy bueno para el Rosario, pero en general lo fue para las universidades”, consideró.

En lo mismo coincidió Rafael Nieto, coordinador de promoción y mercadeo de la editorial la Universidad Javeriana, que contó con 127 registros el año pasado. Nieto dijo que el buen comportamiento de la institución se debe a que se han diversificado los formatos, no solo pensando en las ventas sino también en la visibilidad de los trabajos académicos que se realizan en la Universidad.

“Lo que buscamos es darle vitrina  a toda la producción académica e investigativa de la universidad, a través de libros y libros electrónicos”, explicó el Coordinador. La Javeriana, según añadió, tiene una producción en promedio de 60 títulos nuevos al año.

Entre las primeras universidades también están la de Antioquia (129); la Universidad del Norte (102); la Pontificia Bolivariana (92), la Universidad Eafit (86) y La Salle (84).

Colombia es un país de pocos lectores

Según un estudio realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), los índices de lecturabilidad en Colombia son bajos si se comparan con Argentina, Chile o Uruguay. El informe reveló el año pasado que más de 70% de los niños y jóvenes colombianos pertenecientes al sistema educativo están en el nivel de lectura más básico. Además,  5,8 millones dijeron  haber leído al menos un libro en el último año, pese a que 6,3 millones de habitantes declaran que entre sus lecturas se encuentran los libros. Según el Plan Nacional de Lectura y Escritura, los bajos índices de hábitos de lectura “reflejan un bajo uso de las bibliotecas y del consumo de libros”.

Juan Felipe Córdoba. Director de la editorial de la Universidad del Rosario

“El año pasado fue un muy buen año no solo para el Rosario, sino para la industria de las universidades en general. La idea es seguir manteniendo un ritmo similar a 2015”.

Alfonso Espinosa. Director de la editorial de la Universidad Nacional

“Nuestra labor realmente es la divulgación de la producción de la Universidad desde la investigación. Nuestro objetivo no es ser rentables vendiendo nuestros libros”.

Tomado de: Carlos Rodríguez- www.larepublica.co