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FilS Mar – Feria del Libro de Santa Marta 2019

FilsMar

La Educación y la Cultura en el Desarrollo Territorial serán el eje temático de la Feria del Libro de Santa Marta, Filsmar, será organizada por la Universidad del Magdalena con apoyo de entidades públicas y privadas que le apuestan a impulsar las actividades relacionadas con el fomento de la lectura y escritura en la costa caribe colombiana.

La feria del libro samaria, contará con la participación de editores, distribuidores, libreros y demás actores de la cadena productiva del libro a nivel nacional e internacional, los cuales tendrán un espacio para dialogar sobre diversas temáticas, todas centradas en su pasión por los libros.

Esta primera versión de Filsmar, se desarrollará del 21 al 26 de mayo desde las 8 de la mañana, en el Edificio Mar Caribe de la Universidad del Magdalena, donde más de 30 editoriales y librerías tendrán su propio estand y donde además estarán más de 50 fondos editoriales, los cuales tendrán disponibles libros, revistas y tendrán publicaciones de diversas temáticas.

Los asistentes podrán disfrutar de una gran cantidad de actividades como exposiciones artísticas y de colección científica, programas lúdicos para niños y jóvenes, presentaciones de libros y revistas, club de lecturas, taller de serigrafia y conversatorios.

Para conocer todos los detalles y eventos destacados de esta feria, los invitamos a consultar su programación aquí: PROGRAMACIÓN GENERAL FILSMAR 2019

Tomado de: Seguimiento.co
Imagen: Universidad del Magdalena

El biólogo al que casi encarcelan por compartir una investigación de la U. Nacional

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Cuando a Diego Gómez Hoyos, un egresado de la Facultad de Biología de la Universidad del Quindío, le anunciaron que acababa de ganar una beca en la Universidad Nacional de Costa Rica para estudiar una Maestría, también le fue notificado una denuncia en la que se le acusaba de un delito contra los derechos de autor.

Su error fue subir una tesis de grado de la Universidad Nacional (incluyó el nombre del autor en todo momento) a Scribd, una plataforma de documentos en línea, y luego compartirla en una grupo de amigos investigadores en Facebook. Corría el año 2013 y la acusación pedía para él de cuatro a ocho años de prisión.

Por aquel entonces, los recursos que manejaba la Universidad del Quindío para hacer investigación y acceder a conocimiento eran limitados. Debido a estas falencias, y con la intención ampliar su marco teórico, creó un grupo de investigación entre sus compañeros de curso que también compartían información en un grupo cerrado de Facebook. “Pedíamos apoyo a los profesores para que nos ayudaran a buscar recursos bibliográficos que por esa época eran difíciles de acceder”, relata.

Uno de los documentos que difundió por ese medio fue la tesis por la que fue denunciado. “Era una investigación sobre “taxonomía” de la Universidad Nacional. No pude enviarla por correo electrónico porque estaba muy pesada, así que busqué una plataforma para subir esa información completa (con nombre del autor)  para que otros la leyeran, sin ánimo de lucro”, explica.

Cuatro largos años después de comenzar el proceso penal, Gómez fue absuelto tras demostrar que al compartir la investigación no obtuvo ninguna retribución económica. Germán Realpe Delgado, su abogado y especialista en derecho informático y delitos informáticos, logró probar que, aunque la plataforma Scribd exige pagar un valor por la descarga de los documentos, ese dinero nunca llegó a manos del denunciado.

Realpe cuenta que con un perito forense, Daniel Torres, usaron una herramienta para rastrear información sobre si la tesis ya había sido publicada en internet antes de que su cliente lo hiciera. Para ello utilizaron la fuente de acceso público llamada Osint, que rastrea todo tipo de información (redes sociales, buscadores, foros, fotografías, wikis, bibliotecas online, conferencias y metadatos). Encontraron entonces que la tesis ya estaba en internet, y lo más revelador, que otros ya la habían compartido.

La defensa de Gómez, en la que también están los abogados Claudio Zambrano y Luis Bernando Alzate, también argumentó que compartir este tipo de investigaciones es una práctica común entre biólogos, mucho más entre estudiantes universitarios con fines pedagógicos y de aprendizaje. Incluso se pudo establecer que el propio denunciante había compartido otras investigaciones de colegas a través de diferentes plataformas.

Finalmente, el juez absolvió al denunciado en primera instancia. Sin embargo, el denunciante apelará está decisión y tienen plazo hasta el 1 de junio para entregar nuevas pruebas.

El caso de Diego Gómez reabre la polémica sobre el acceso libre a la información, más en contextos académicos, porque puede crear un precedente a la hora de compartir contenido en internet. No obstante, todavía no se puede hablar de triunfo, puesto que existen muchos vacíos alrededor de la ley de derechos de autor en Colombia.

“Así como me pasó a mí, le puede pasar a otro estudiante que crea que el conocimiento es libre”, explica el ahora biólogo que en la actualidad ejerce de coordinador de investigaciones en una reserva natural en el sur de Costa Rica.

Asegura que, aunque este lío penal lo pudo haber derrotado tanto a nivel personal como en su carrera profesional, le sirvió para madurar como investigador y como activista contra las barreras de acceso al conocimiento. “Los invito a publicar sus artículos en revistas de acceso abierto, que no le cueste un peso a las universidades ni a nadie poder acceder al conocimiento que generamos”, concluye.

 ¿Cómo está Colombia en la ley derechos de autor?

“Las leyes de derechos de autor se quedan cortas. Los estudiantes tienen la costumbre de compartir información para ampliar el conocimiento a través de las redes sociales y están leyes no son justas con ellos. Por un lado les decimos que usen internet a través de programas nacionales, pero falta mecanismos para compartir información de manera libre” asegura Realpe a esta publicación.

Actualmente la Ley 23 de 1982 es la que regula los derechos de autor en Colombia pero, como su nombre lo indica, es una norma creada en el 82, época en la que las dinámicas del uso de la información a través de la tecnología eran muy diferentes a las actuales. “Esta Ley fue pensada pre-internet, pero ahora todo el tiempo hablamos de compartir, esa es la narrativa de las redes sociales y la educación no es ajena a ese cambio”, explica Juliana Soto, investigadora en la Fundación Karisma.

Por estos cambios y vacíos, Colombia vio la necesidad de reformar esta normatividad a través de la Ley Lleras en sus diferentes versiones, pero fue imposible. En ese sentido, confirman los expertos consultados, el tema de derechos de autor pensados para la red siguen sin ser debatidos por el gobierno para evitar casos como el Diego Gómez.

¿Las bases de datos de la universidades son suficientes?

Los sucesos que vivió Diego Gómez en su universidad son los que hoy en día viven muchos estudiantes que pertenecen a universidades públicas que cuentan con poco presupuesto para pagarle a las editoriales internacionales que manejan el mercado de las investigaciones en el mundo. Es decir, los que controlan las bases de datos más completas y actualizadas.

Por ejemplo, la Universidad Nacional destina de su presupuesto entre  5.000 y 6.000 millones de pesos anuales para la contratación de editoriales que ofrecen plataformas de información distribuida en monografías, tesis, revistas, periódicos, investigaciones, banco de imágenes, audios y videos. Recursos que son de vital importancia para la generación de conocimiento.

Aunque varias universidades cuentan con repositorios de acceso abierto como la Nacional, todavía falta mucho para que los investigadores que producen conocimiento suban sus resultados a plataformas de acceso libre y no le paguen muchas veces a editoriales que cobran por revisar y publicar una investigación.

“El caso de Diego ha permitido que se haga una reflexión de la relevancia del acceso abierto para la academia, por eso el apoyo de la revista Open Acces en este caso, ya que son investigadores que publican en revistas que se difunden de manera gratuita. Si el acceso abierto fuera la regla, el caso de diego no habría tenido lugar”, concluye Juliana Soto, investigadora en la Fundación Karisma.

Revista Semana. Semana Educación. www.semana.com
Fotografía: Diego Gómez

El cerebro funciona como una sinfónica

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La memoria depende de ritmos que se establecen entre distintos
grupos de neuronas

Un equipo de científicos liderados por la Universidad de Nueva York (EE.UU.) constató que, para recordar los acontecimientos en el orden que ocurren, las neuronas funcionan de manera coordinada y similar a como lo haría una orquesta sinfónica.

Esta es la principal conclusión de un estudio que publica la revista Nature Neuroscience y que aporta nuevas perspectivas sobre cómo el cerebro recuerda la información y sobre qué factores pueden estar implicados en la alteración de ciertos tipos de memoria.

“Los resultados mejoran nuestra comprensión de cómo el cerebro sigue la pista a lo que sucedió y cuándo sucedió en relación con otros eventos”, explica Lila Davachi, profesora del departamento de Psicología de la citada universidad y autora de este trabajo.

Davachi detalla que desde hace tiempo la comunidad científica sabe que las neuronas aumentan su actividad cuando se graban recuerdos y lo que muestra esta investigación es que además existe “un ritmo” en la forma en la se disparan, una en relación con la otra.

“Es igual que los diferentes instrumentos de una orquesta sinfónica”, recalca Davachi en una nota de prensa de la universidad.

En esta investigación, los científicos intentan validar una hipótesis propuesta en 1995 por los neurólogos John Lisman y Marco Idiart, que describieron cómo se graba el orden de los recuerdos.

Según éstos, cuando el cerebro crea un recuerdo para un evento específico, como memorizar la foto de una manzana, las neuronas oscilan de forma coordinada, es decir, las neuronas en las distintas zonas del cerebro que identifican la forma, el tamaño y el color se activan a la vez y forman un solo recuerdo, en este caso la manzana.

La activación de las neuronas en el cerebro produce unas ondas y, según su frecuencia, reciben uno u otro nombre.

La frecuencia tiene que ver con la mayor o menor rapidez de las ondas y, según Lisman e Idiart, cuando memorizamos un recuerdo concreto las neuronas se disparan a frecuencias altas (gamma).

Sin embargo, para establecer el orden de múltiples recuerdos –primero una manzana, luego un tomate y después un plátano–, las neuronas representativas de cada uno de estos eventos se activan, pero en una secuencia coordinada por frecuencias más bajas (theta).

Para comprobar esto, los científicos hicieron que los participantes en este estudio consideraran una serie de seis objetos –mariposa, auriculares, etc.–, una vez cada uno en un ordenador.

En el experimento, los investigadores examinaron la actividad neuronal de los participantes mediante magnetoencefalografía, que captura mediciones de los pequeños campos magnéticos del cerebro.

Después, pidieron a los sujetos que recordaran los objetos que vieron y los científicos analizaron la actividad neuronal cuando los vieron por primera vez y cuando los tuvieron que recordar.

Los datos muestran diferencias notables en los patrones de actividad neuronal cuando el orden de los objetos es correcto y cuando no.

“Cuando las oscilaciones están coordinadas, recordamos el orden”, apunta Davachi, pero “cuando no, no lo hacemos”.

Tomado de: www.elespectador.com
Fotografía: Archivo El Espectador

¿El buen negocio de los postgrados o la desconexión de las universidades con el mundo real?

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Cada día se oye más que la gente cree que las universidades son un negocio. Quizá porque algunas cobran matrículas muy altas, porque construyen y construyen edificios y sedes, o tal vez porque se ve que nacen “universidades de garaje” continuamente, dejando ver que esto tiene que ser rentable.

La verdad es que sí son un negocio rentable, pero tampoco es la mejor forma de hacerse rico, porque por su estructura legal, no tienen utilidades ni dueños, y los excedentes se deben reinvertir en la institución, lo que genera que sigan construyendo sedes e invirtiendo en tecnología; mas obviamente desde las universidades se pueden generar recursos para sus directivos y fundadores, por medio de contratos y honorarios, como desafortunadamente muchas lo hacen, pasando del deber de educar, al enriquecimiento de unos pocos a costa de la esperanza de educación de otros.

Sin embargo, creo que hay un problema más de fondo en este tema, y es que los postgrados se han convertido en una importante fuente de ingresos y prestigio para estas instituciones, y han logrado capturar un mercado con mejor capacidad de pago y con la necesidad de tener títulos más avanzados para lograr mejores puestos y sueldos. Ese sí se convirtió en un buen negocio.

La estructura de costos de dictar un postgrado está en función del pago de profesores, y los ingresos en función de cuantos estudiantes reciben; así, si un curso tiene 20 alumnos, con un matrícula de unos 10 millones por semestre y con 5 materias en ese periodo, los ingresos de 200 millones cubren fácilmente el costo de 5 profesores, y deja importantes excedentes, que sirven para cubrir los costos administrativos y de infraestructura de las universidades.

Este negocio es tan bueno que casi no tiene deserción escolar, a diferencia del pregrado, porque los que estudian allí desean hacerlo y lo ven como una inversión, lo que reduce el riesgo financiero del negocio, al punto que esto potencializa la educación no formal, ejecutiva, de extensión, o diversas formas de llamar a diplomados y cursos que la gente hace para seguir capacitándose, y lograr tener un “cartón” de una mejor universidad donde hizo su pregrado, con la enorme ventaja que ni les hacen evaluaciones.

Lo curioso, es que este mundo de los diplomados es inclusive más certero y cercano a la realidad que las especializaciones, maestrías y doctorados, porque se focaliza en trasmitir técnicas ejecutables y no teoría general, permitiendo que el profesional (que ni siquiera tiene que serlo), adquiera nuevas destrezas efectivas para su negocio o vida profesional en el corto plazo, y pueda colgar en la pared un diploma de una de las mejores universidades del país.

¿Por qué pasa esto? Porque la academia en el mundo entero se desconectó del llamado “mundo real” y continúa afincando sus procesos educativos en la teoría, en las clases tradicionales, en ejercicios teóricos y alejándose cada vez más de la cotidianidad; afortunadamente algunas instituciones ya se dieron cuenta y han logrado salir de esta trampa, pero las reglas del mercado aún los amarran torpemente.

Hoy, una maestría en Colombia, es un postgrado que busca que el estudiante sea maestro y científico de la ciencia estudiada, y por eso se le piden ensayos, investigaciones y un trabajo de grado, con las mismas condiciones de publicación de un artículo indexable en una revista científica. Lo cual es bueno si esa persona va a ser académica o busca su doctorado, pero en el mercado, nadie se fija en la tesis del estudiante ni en su calidad de investigación y redacción de documentos científicos, sino en su capacidad de ejecución, creación, liderazgo y capacidad de cumplir metas, y tristemente esto se aprende hoy más en diplomados que en maestrías.

¿Por qué pasa esto? Porque tenemos una visión idealizada de los postgrados, y en vez de formar a las personas en ser maestros en las capacidades de la ciencia, los formamos para ser maestros en teoría y formación de conocimiento. Este error, nos lleva a perder dos o tres años de capacitación de los mejores profesionales en Colombia, para convertirlos en generadores de teoría y no de soluciones, lo cual nos les aporta competitividad, pero sí un cartón muy prestigioso que les permitirá dictar clase en alguna universidad en el futuro, pero que cuando llegan a las empresas que los financiaron, lo que aprendieron es tan teórico que no logran aplicarlo fácilmente.

Así, los diplomados y programas de extensión, son como los cursos del SENA: cortos, prácticos, contundentes y ejecutables; y las especializaciones y maestrías, se volvieron escuelas teóricas y científicas alejadas de la práctica; claro que hay excepciones, y en los currículos de algunas universidades se advierte que es una maestría teórica o práctica y eso hace que el estudiante tome la mejor decisión posible, pero aún el discurso científico supera al práctico.

Europa solucionó esto hace mucho, con maestrías que se hacen en un año, enfocadas a temas completamente prácticos y sin trabajo de grado, mientras en Estados Unidos se pueden encontrar las dos escuelas; lo que nos lleva a un reto final enorme para las universidades colombianas, porque se puede hacer una maestría en línea en Europa, que confiere el título de maestro y la mayoría de las empresas lo aceptan como tal, pero no el Estado y las universidades, porque muchas de estas escuelas no están reconocidas por el Ministerio de Educación y legalizar el título es un problema.

Esto causa un problema marginal en el mercado de postgrados, porque la gran mayoría de los estudiantes no quieren ser profesores ni investigadores, o licitantes ante el Gobierno, sino ser empleados de grandes empresas, que reconocen más un título de maestría semipresencial en España, que una maestría en Colombia. Lo que se suma a que el profesional, queda con un título extranjero (que es mucho más prestigioso, así no lo sea), y viajan, conocen otro país y gente de diversas regiones del mundo, generando una propuesta de valor muy difícil de igualar con clases magistrales en las universidades tradicionales colombiana.

Esto está haciendo que el negocio de la educación superior cambie mucho en Colombia, y que el mundo de los diplomados no solo sea más rentable sino más efectivo para las empresas, pero como se le pide al profesional que tenga un postgrado formal, este lo busca en el extranjero y en una sola inversión aprende, conoce el mundo, se relaciona y se capacita mejor. Lo que hace pensar que ese famoso negocio de las universidades en Colombia se esté deteriorando, por haber perdido el rumbo y haberse vuelto más teórico que práctico.

Al final, la pregunta de una empresa no es “usted qué estudio”, sino “usted qué sabe hacer”…

Tomado de: Colombiador Camilo Herrera
Fotografía: http://radio.uchile.cl/

El retroceso de las especializaciones frente a maestrías y doctorados

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Aunque la especialización sigue teniendo muy altas cifras de oferta de programas y profesores con ese título como máximo logro académico, la evolución en los últimos 10 años muestra un gradual descenso en las mismas con respecto al auge de las maestrías y los doctorados.

La figura de especialización como posgrado es propia de Colombia y en otros países se considera como un curso de educación no formal, y poco interés despierta en el Gobierno, pues el MIDE las desconoce completamente como un indicador de medición de desempeño de las IES.

Según las cifras la década comprendida entre 2006 y 2015 la oferta de maestrías por parte de las IES pasó de un 10.3% del total de posgrados (527) a 28.77% (1.622).

Por su parte las especializaciones representaban, en 2006, un 88% de la oferta posgradual (4.560), mientras que en 2015 bajaron a 65.96% (3.718).

Así mismo los doctorados pasaron de representar el 1.7% de la oferta, en 2006 (85 programas) a ser el 5.25% (296 programas) en 2015.

Esta tendencia se refleja igualmente en los máximos niveles de formación alcanzados por los docentes en el sistema.

Las cifras datan de los años 2.002 a 2.013, así:

Con maestría, en 2002, los docentes eran 14.414, de un total de 83.342 (para el 17.3%), mientras que para 2013 la cifra subió a 27598 (24%), de un total de 115.738

Con especialización, en 2002, eran 27.420 docentes, de un total de 83.342 (para el 32.9%), mientras que en 2013 la cifra subió a 36.015 (pero porcentualmente bajó al 31.2%), de un total de 115.738

Finalmente, los profesores con doctorado en 2002 eran 2.455, de un total de 83.342 (para el 2.9% del total), cifra que subió 6.189 en 2.013 (lo que representó un aumento en la participación al 5.36%.

Tomado de: http://www.universidad.edu.co/
Fotografía: http://www.radio.uchile.cl