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LAS FUERZAS ARMADAS DE COLOMBIA, RUMBO HACIA EL POSTCONFLICTO

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(Erich Saumeth C.) – Hace justo cinco meses, el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos, anunciaba desde la Habana (Cuba) la fecha para la firma del acuerdo final entre su gobierno y la guerrilla de las Farc-ep y que le pondrá fin al largo, violento y doloroso conflicto interno colombiano surgido con la Guerra de los Mil Días en 1899 (Siglo 19), renovado con la Violencia Bipartidista en la década de los 40 (Siglo 20) y que ha persistido en lo recorrido del Siglo 21.

Felizmente ese recorrido por este tortuoso y sangriento camino está por concluir, gracias a la voluntad del Estado y de la nación misma, que ha entendido que son los escenarios de paz y de seguridad los espacios ideales para construir un verdadero futuro.

Es entonces y para este escenario en el que y desde el punto de vista doctrinal se han venido preparando las Fuerzas Armadas Colombianas, instituciones que han plasmado en sus programas estratégicos la visión que de sí mismas tienen, en una etapa en donde los principales generadores de alteración del orden público, se habrán desmovilizado e incorporado a la vida civil.

En este sentido, las prioridades en el área de la defensa y la seguridad obviamente serán reorientadas preferiblemente hacia el tercero de los postulados de la Política Integral de Seguridad para la Prosperidad Democrática, que implica la intención de construir una capacidad de disuasión mínima que garantice la seguridad y la integridad fronteriza de este país, sobre cuyos espacios marítimos existen en estos precisos momentos fuertes intereses positivos de otras naciones.

Aunque el concepto como tal no es nuevo, esta es quizás la primera oportunidad que tienen las fuerzas armadas de resolver los problemas que persisten en los inventarios de equipos y sistemas, a pesar de que en los últimos años se han llevado interesantes procesos de modernización en la armada, así como del material blindado y de artillería del ejército, pero que sin embargo por si solos no son suficientes, frente a los requerimientos pero sobre todo a las necesidades de las diferentes fuerzas, en el ánimo de revertir la actual situación de profunda desventaja estratégica que Colombia tiene respecto a sus vecinos.

Y esto se hace evidente en relación a programas que pese a haberse anunciado o proyectado a la fecha, o no se han materializado o avanzan a ritmos lentos, tales como el sistema integral de defensa aérea (SISDAN), el postergado proceso de selección de un tanque principal de batalla (MBT), la renovación de la flota de entrenadores avanzados (LIFT), así como de la flota de cazas de la Fuerza Aérea y la definición del sistema de defensa costero (SDC).

Sin embargo existe también una extensa lista de calidades que han convertido a las fuerzas armadas de este país, en una institución capacitada, preparada, entrenada, motivada, respetuosa de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario y consciente de las misiones que constitucionalmente le competen, a tal punto de ser uno de los pilares fundamentales de la sociedad colombiana, responsable del trabajo gracias al cual se pudo derrotar a las organizaciones terroristas y generadoras de violencia y que hoy tienen a esta nación ad portas de la firma de un proceso de paz, que sin duda terminara con el largo conflicto interno.

Será entonces este nuevo periodo, fundamental para el desarrollo pleno de las capacidades del sector de la defensa colombiano, que y en vistas de los previstos nuevos escenarios, ha venido sido apoyado por el estado con el ánimo de impulsar la industria de la defensa y la seguridad, a través principalmente de procesos de I+D, gracias a que Colombia es referente internacional en la lucha contra el terrorismo y la insurgencia.

El postconflicto entendido como la anulación del terrorismo y el restablecimiento del orden público, será pues el espacio para desarrollar el conjunto de políticas socio-económicas que a su vez posibiliten el inicio de crecimientos sostenidos en todos los aspectos y que den lugar a principios o nociones básicas de nación, ausentes en la actualidad.

La actual administración colombiana, ha considerado entonces fundamental, propiciar las condiciones que le permitan al estado destinar parte de los recursos que hoy invierten en el conflicto, para mejorar los niveles de inversión social dirigidos a optimizar la calidad de vida de todos los nacionales, pero que desafortunadamente no se reflejan en el Presupuesto de Defensa que para el 2016 ha disminuido los rubros de inversión aún por debajo de los valores del 2015 y 2014 (con recortes adicionales para febrero de 2016, cercanos a los US 147 millones de dólares), en una muestra del inmediato futuro.

De hecho el pasado y presente de las fuerzas armadas fueron los de una institución que se vio obligada a asumir, doctrinas, estrategias y roles de seguridad interna, relegando su misión principal de garante de la soberanía territorial. El postconflicto entonces le permitirá retomar como objeto, la vigilancia de los espacios terrestres y marítimos nacionales, e incluso poder desarrollar nuevas misiones de carácter humanitario, en el marco de la cooperación internacional y bajo la bandera de las Naciones Unidas o la OEA por ejemplo, pero necesitando para ellos de una serie de sistemas y equipos de los cuáles hoy injustificadamente adolece y que le puedan permitir  garantizar esa soberanía y desarrollar esas misiones.

En igual aparte la policía nacional, podrá reorientar sus prioridades en materia de seguridad y convivencia ciudadana, para un mayor eficaz desarrollo de los Planes Integrales de Seguridad y Convivencia Ciudadana y el combate a las bandas criminales, apoyados en un fuerte componente tecnológico, así como de un aumento en su pie de fuerza, particularmente para ser desplegado en las ciudades capitales, controlando así los niveles de inseguridad, que es la mayor preocupación de los ciudadanos colombianos. Esto implicara además estudiar con minucioso cuidado como utilizar las unidades del Ejército especializadas en la lucha contrainsurgente y antiterrorista y como aprovechar esa experiencia en el entendido de reconfigurar unas fuerzas militares cuya principal misión será y hacia el futuro la defensa nacional.

Bienvenida entonces esta nueva era, en la que el papel de las fuerzas armadas de este país se redefinirá, pero conservando su principal razón de ser: el mantenimiento de la paz y la seguridad de todos los colombianos.

Finalizamos recordando que la paz entonces, más que una victoria es reconciliación, revisión histórica, compromiso social, justicia transicional, esfuerzo y decisión política, pero sobre todo y más que nada voluntad popular. Lo verdaderamente difícil no será pues lograrla, sino que podamos esforzarnos en querer mantenerla y conseguir en definitiva una paz sostenible.

Erich Saumeth Cadavid.

Analista e Investigador Colombiano en temas y asuntos de Defensa, Seguridad Nacional, Geopolítica y Políticas de Gobierno.

https://www.linkedin.com/in/erichsaumeth 

https://twitter.com/erichsaumeth

 

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